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Tetuán
Denominada "Hija de Granada" por algunos y "Pequeña Jerusalén" por otros, Tetuán, capital de la región montañosa de Rif, en Marruecos, es el lugar de encuentro de varias culturas, principalmente la andaluza, otomana, local y europea.
Su variedad cultural ha dado lugar a una fascinante mezcla de imágenes y sonidos, que con su clima mediterráneo, sus magníficas playas y una atmósfera acogedora, la han transformado en una excelente opción para viajeros de todo el mundo.
Situada en el fresco valle de Wadi Martil, a pocos kilómetros del enclave costero español de Ceuta, Tetuán es muy diferente de cualquier otro lugar en el Rif y en el país mismo. Durante más de 40 años fue capital del protectorado español, por lo que posee un legado único que se ve reflejado en su atmósfera hispano-morisca.
Para personas que entran a través de Ceuta, como nosotros, Tetuán probablemente sea el primer encuentro con Marruecos. Te recomiendo respirar hondo antes sumergirte en sus calles, porque seguramente serás acosado por estudiantes que ofrecen sus servicios como guías, vendedores ambulantes y vendedores de hachís.
El pueblo de Tetuán tiene una reputación de ser influenciado por la mentalidad agresiva de las tribus berebere y, por tanto, a veces puedes toparte con timadores. Una vez que te acostumbras al ritmo de vida de las calles de Marruecos, descubrirás que es una ciudad muy gratificante.
A veces llamada “la pequeña hermana de Fez”, al igual que ella posee una ciudad nueva - Ville Nouvelle - y un casco antiguo, la Medina. La Ville Nouvelle tiene algunas bellas muestras de arquitectura colonial española, pero las blancas laderas de la ciudad vieja son la principal atracción turística.
Un paseo a través de la Medina es uno de los mejores de su tipo en Marruecos, ya que incluso ha sido agregado en la lista de sitios Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La Gran Mezquita con su elaborada entrada esmaltada, la imponente construcción de ladrillo marrón de la Catedral Española, y Babu S-Saidi, el suelo embaldosado de la puerta de la Medina, son algunos de los lugares para visitar en la zona, así como la tradicional Kasbah.
El Mellah, o barrio judío, es un lugar interesante, al sur de la Plaza Hassan II, sobre la Rue de la Luneta, con sus altas casas cuadradas con balcones de hierro y ventanas bellamente decoradas.
Las murallas de la ciudad se pueden admirar caminando por la avenida Hassan II, justo debajo de la estación de autobuses. Hay un jardín debajo de los muros y una escuela de artesanías, la Ecole de Metiers d’Arts Traditionnels, frente a Bab El Okla.
Nos sorprendimos con la riqueza del Museo de Arte Marroquí, que contiene una amplia muestra de objetos y reliquias que detallan la historia cultural de la región, con una exposición de muebles, trajes e instrumentos musicales.
Recorrimos también varios interesantes mercados: el Suuqu I-Houts, un mercado de ropa y telas de lino, donde encontrarás prendas típicas berebere; Guersa I-Kabira, con una amplia gama de artículos de hierro y acero, y suuqs (puestos) de comida a lo largo de las calles, que ofrecen variedad de frutas, verduras y otros alimentos frescos.
A la hora de comer elegimos el restaurante Palace Bouhlal, un suntuoso lugar con alfombras de terciopelo, fuentes y pétalos de rosas. Música popular en vivo acompaña al clásico menú marroquí de cuatro platos: sopa, ensalada, brochetas y cuscús con tajinas. Un verdadero placer para los sentidos.
La avenida Mohammed V es el único camino peatonal en el centro. Lleno de gente por las tardes, está colmado de cafés, boutiques, restaurantes, tiendas para turistas y vendedores ambulantes. Calle abajo encontrarás tiendas de libros usados y, a continuación, el Palacio del Rey.
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